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CONJUNTO ARQUITECTÓNICO DE SAN IGNACIO MINI

Una de las excursiones más recomendadas del circuito.

que se transformó en una fuente de ingresos que permitió construir talleres, iglesias, pagar impuestos y organizar la vida de las reducciones”. Entre muchas otras habilidades, los jesuitas les enseñaron a los guaraníes a plantar yerba y secarla o más bien ahumarla en el barbacuá, un horno casero. La labor de los jesuitas se extendió hasta 1768, fecha en que fueron expulsados por orden del rey de España Carlos III. Los pueblos de las misiones prácticamente se desorganizan, las reducciones quedaron expuestas a las inclemencias del tiempo y los yerbales fueron abandonados. Todos los días, después del atardecer hay un espectáculo de Luz y Sonido en la plaza central de las ruinas, que se iluminan mientras se escucha el relato de la vida en las misiones.” background_layout=”light” text_orientation=”left” use_border_color=”off” border_color=”#ffffff” border_style=”solid” module_class=”textos-blog-circuitos”]

Conjunto de ruinas que pertenecieron a la Compañía de Jesús, y que comprende uno de los cuatro sitios que hay en Argentina: San Ignacio Miní, Santa Ana, Nuestra Señora de Loreto y Santa María la Mayor, y también las de San Miguel de las Misiones, en Brasil.
Fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1983. Construidas en el corazón de la selva tropical, las misiones son una muestra del inmenso legado de la Compañía de Jesús, que fundó un total de 30 pueblos durante el siglo XVII y mediados del XVIII en Argentina, Brasil y Paraguay, donde vivieron más de 140 mil nativos. Los indígenas se redujeron en grupos –de ahí el la palabra reducciones-, aprendieron el evangelio, los hábitos de trabajo y la organización social que proponían los padres jesuitas.
El nombre de las ruinas es en honor al sacerdote vasco San Ignacio de Loyola, que fundó la Compañía de Jesus en un intento de contrarrestar el avance protestante. La organización de esta orden religiosa estaba inspirada en el orden y disciplina militar y sus miembros manejaban un destacado nivel intelectual. Para que tenga un marco histórico, sepa que San Ignacio Miní -su par más grande o Guazú está en Paraguay- fue fundada en 1610, primero en territorio brasileño y luego, debido a ataques de los bandeirantes se traslada a su ubicación actual. Destruida en 1817 y restaurada desde 1940, la reducción San Ignacio Miní no es sólo la mejor conservada, sino también la más visitada. Está en su ubicación actual desde 1696. Antes de visitar las ruinas, pase por el Museo y Centro de Interpretación, con nueve salas que exponen buena parte de la historia. Tómese el tiempo para entender las maquetas y leer sobre lo que verá al aire libre. Considere que en esta visita se camina bastante y sume que al medio día hace mucho calor, por eso bien temprano en la mañana o por la tarde, después de las cuatro, son los mejores momentos para conocer las ruinas. Ahora así, por una gran avenida arbolada con especies centenarias, se accede al conjunto arquitectónico con un importante grado de conservación que permite apreciar el trazado urbano.
En su época de mayor apogeo, San Ignacio contaba con más de tres mil habitantes. Allí se reunía a los nativos para “civilizarlos”, convertirlos al cristianismo y evitar “malos hábitos”, como la desnudez. La Plaza de Armas estaba en el centro de la reducción, frente a ésta la iglesia pegada al cementerio y las residencias de los jesuitas. Afortunadamente, el templo mayor y su fachada barroca se han conservado bien, y a pesar del paso de los siglos es posible apreciar los gruesos muros de asperón rojo, esa piedra arenosa y porosa que se utilizó en la construcción. Hoy es posible recorrer el interior, que todavía conserva su piso original. El templo mide 24 metros de ancho y 74 de largo. Se destaca su portal, delicadamente tallado. Entre sus emblemáticos bajorrelieves, los muros de piedra muestran, por ejemplo, una sirena, un ángel, una corona y un león. Cuenta Pau Navajas, director del Establecimiento Las Marías, en su libro “Caá Porã´í, El espíritu de la yerba mate” que los hombres de la Compañía de Jesús situaron sus misiones “deliberadamente lejos de los colonizadores criollos; se adentraron en la espesura selvática y así pronto comprendieron el espíritu de la yerba […] que se transformó en una fuente de ingresos que permitió construir talleres, iglesias, pagar impuestos y organizar la vida de las reducciones”.
Entre muchas otras habilidades, los jesuitas les enseñaron a los guaraníes a plantar yerba y secarla o más bien ahumarla en el barbacuá, un horno casero.
La labor de los jesuitas se extendió hasta 1768, fecha en que fueron expulsados por orden del rey de España Carlos III. Los pueblos de las misiones prácticamente se desorganizan, las reducciones quedaron expuestas a las inclemencias del tiempo y los yerbales fueron abandonados. Todos los días, después del atardecer hay un espectáculo de Luz y Sonido en la plaza central de las ruinas, que se iluminan mientras se escucha el relato de la vida en las misiones.

TIPS PARA EL VIAJERO

CON QUIÉN VIAJAMOS

Amigos, Familiar, Pareja, Solos

VESTIMENTA

Informal

DURACIÓN DEL RECORRIDO

Mediodía

DIFICULTAD

Baja

ÉPOCA RECOMENDADA PARA VIAJAR

Todo el año

SEGURIDAD

Sin Peligro

ACTIVIDADES DEL DESTINO

Arte y Cultura > Monumentos y Lugares Históricos